domingo, 27 de noviembre de 2016

ALEJANDRO OBREGON O EL DESAFUERO DE LA PINTURA - Documental (1985). Por Luis Alfredo Sánchez Crespo. VIDEO: Documento recuperado

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ALEJANDRO OBREGÓN
 O
EL DESAFUERO DE LA PINTURA  

Documental (1985 aprox.) 

Por Luis Alfredo Sánchez Crespo ( 1 )
Fotografia: MIC, de NTC. Nov. 2, 2016

Documento recuperado (2016)

Obregón , Obregón, ¡coño, que buen nombre para un pintor! Así  le dijo Picasso a Alejandro Obregón cuando fue a visitarlo a su estudio en París en 1954.  Este pintor colombiano al que me ligó una cercana amistad es el personaje de un documental que hice para televisión por allá en la década de los ochenta del siglo pasado a raíz de una retrospectiva de su obra en el Museo Nacional. Lo titulé  OBREGON O EL DESAFUERO DE LA PINTURA. Quizás es el único testimonio audiovisual a color existente sobre Alejandro Obregón.  El documental estuvo perdido y olvidado por años  , finalmente logré rescatarlo en los archivos de la Fundación Patrimonio Fílmico en Bogotá. Me propuse restaurarlo hasta donde el video lo permite ya que a diferencia del cine este se deteriora, pierde color y calidad. Y lo logré en parte gracias a un joven editor que vive en Cali, Simón Jaramillo, profesional sensible y apasionado de su oficio de director y productor de video. En su estudio VINILO PRODUCCIONES trabajamos por horas para recuperar estas imágenes ya desteñidas , rayadas y deterioradas. El documental tendrá su primera exhibición pública en la Tertulia Médica de la Fundación Humanismo y Medicina, que dirige Adolfo Vera Delgado,  el próximo viernes 2 de diciembre. Luego vendrán otras exhibiciones en diferentes espacios y en la televisión.  
Alejandro Obregón y Luis Alfredo Sánchez, Caracas 1978. Foto de Felipe Ferre

Hacer un video sobre Obregón tuvo el encanto de trabajar con un pintor y un ser  descomunal por su personalidad, su actitud desenfadada ante la vida, su amor al arte y a la amistad. Obregón seducía por su conversación al calor del ron Tres Esquinas que bebía en cantidades alarmantes. Hombre irreverente , bohemio, instintivo , visceral , irascible , detestaba oír teorizar sobre su pintura, la racionalización y las explicaciones lo sacaban de quicio. Buscaba pleitos y prefería terminar una discusión a trompadas, comentaba Juan B Fernandez el director del diario El Heraldo de Barranquilla. Nunca le gustó hablar ante las cámaras o dar reportajes televisivos y puedo decir que lo logré gracias a mi amistad con él. Creo que aparte del mío solo hay una entrevista  que le dio en su casa en Cartagena a Gloria Valencia pero entonces la televisión era en blanco y negro.

Se ha escrito mucho sobre este pintor. Alvaro Mutis, su  gran amigo,  decía que se parecía mucho a su personaje literario Maqroll el Gaviero protagonista de la mayoría de sus novelas. En alguna de ellas Maqroll el errante aventureo , se reúne con Obregón. Mutis escribió sobre su entrañable amigo pintor, “El sueña con pintar un día la vida, no la diaria y necia rutina de los hombres , sino la vida, la de verdad, la que solo encuentra respuesta en la mudez rotunda de la muerte. Ese propósito no se le cumplirá nunca, pero jamás alguien como él aceptaría una derrota semejante. Allí dejaría Obregón la piel, pero no va a cejar”.

Muchos de sus espontáneos ensayistas y críticos trataron de complicarlo, encasillarlo, intelectualizarlo, de sacarle pelos al gato. Se olvidaron que Obregón a secas fue el pintor colombiano por excelencia. Un costeño que con altura y soltura mostró la alharaca, el encanto, la magia, el calor y color del trópico.  

Como dice García Márquez “su pintura con horizontes de truenos, sale chorreando minotauros de lidia, chivos arrechos, barracudas verracas “. 

“Cuando lo conocí -cuenta García Márquez- no fueron esos ojos diáfanos de corsario que hacían suspirar a las locas del mercado sino sus manos grandes y bastas con las cuales le vimos tumbar a media docena de marineros suecos en una pelea de burdel. Son manos de castellano viejo, tierno y bárbaro a la vez. Esas manos son el instrumento perfecto de una vocación desaforada que no le ha dejado un instante de paz. Obregón pinta desde antes de tener uso de razón, a toda hora, sea lo que sea, con lo que tenga a la mano”.

Desde 1920, cuando nació Obregón además de pintor fue hijo de industrial español en Barranquilla. Niño bien en colegio jesuita inglés, jugador de rugby, boxeador, cazador de caimanes en el río Magdalena, aprendiz de aviador, revisor de telares en la fábrica de su abuelo, camionero en el Catatumbo, manejaba camiones de 20 toneladas en las petroleras, y al fin estudiante de arte. Una vez huelguista y luego director de la Escuela de Bellas Artes en Bogotá. Fue  burócrata y diplomático de Colombia en España. Fue torero y cocinero de apetitosos sancochos de sábalo en su casa, oficial inglés en una película con Marlon Brando, y como en el corrido de Juan Charrasqueado, borracho, mujeriego, pendenciero y jugador. Hizo parte del famoso grupo de La Cueva en Barranquilla con José Felix Fuenmayor, Alvaro Cepeda , Ramon Vinyes, García Marquez. El historiador de arte Alvaro Medina habla del programa nunca escrito del grupo de Barranquilla. “Ese programa consistió en la búsqueda y el encuentro de una identidad basada en la profunda comprensión de nuestra realidad cotidiana, nuestra cultura popular y nuestra historia. El equivalente plástico de estos empeños lo hallamos precisamente en Alejandro Obregón”.

Dice Marta Traba, la papisa del arte colombiano en la década de los cincuenta, sesenta y setenta. “Dentro de la pintura colombiana, Obregón es el pintor menos fácil de acusar de influencias, estrategias o disciplinas preconcebidas. El placer personal que lo domina pintando irradia , inunda y fortalece sus cuadros. Obregón además ha creado un pródigo y exuberante número de símbolos, de cosas compuestas, de formas imaginarias que parecen proceder de una veloz inteligencia natural del color que algunos consideran un color geográfico identificable con los directos y bárbaros de la costa colombiana y el mar Caribe. Obregón ha pintado por pintar, por el color en sí mismo, por el disparate lírico de sus  formas en si mismas”.

Obregón tuvo siempre gran animadversión por los críticos. En un documental que hice en Caracas en 1979 para celebrar los 40 años del Museo de Bellas Artes, con artistas plásticos, críticos y directores de museos de toda Iberoamérica se despacha contra la crítica. Me sugirió llamar la película Viva el Color, y en ella dice que la pintura es silente, no tiene palabras. No le gustaba hablar de su obra. “Ahí está, ella habla por su sola. Dibujar es escribir, pintar es decir. Se comienza con la realidad, se le añade un poco de lo otro y tres gotas de enigma para producir una magia pictórica”. Conservo de aquella época en Caracas un cóndor que me obsequió Obregón dedicado a mi, es una figura hecha en tinta china, lo he conservado a través de mudanzas y trasteos, hoy cuelga en la sala de mi casa en Cali. Recuerdo que estábamos alojados él y yo en el hotel Anauco Hilton y una mañana se apareció en mi habitación con la pintura. Le regaló otra a Sergio Cabrera que era el fotógrafo del documental que hacíamos.

Afirma  Obregón : "La pintura sirve de trampolín para otras cosas, de trampolín para la crítica. El Pintor empieza con un análisis y lo vuelve síntesis. El crítico pasa de la síntesis y lo vuelve análisis. El artista es como una tela, lo recibe todo, está participando en todo. Me cuesta mucho trabajo pintar fuera de Colombia. Es el país que conozco, me gusta, me siento como un combatiente aquí. El peligro del arte plástico es volverse intelectual. Se vuelve una cosa elucubrada, no espontánea y no de impulso. Goya fue un pintor de impulso”.

Como lo digo en el documental al referirme a su pintura: Es la naturaleza pintada por Obregón, legislada sin duda alguna por la cordillera, no cualquiera, la de los Andes . Y por el mar, no cualquiera, el mar Caribe.

Fue precisamente el mismo año en que nos encontramos en Caracas cuando rodé el documental Viva el Color, cuando Obregón cometió un atentado contra una de sus pinturas, la del almirante  Blas de Lezo, el 31 de diciembre. Blas de Lezo era el comandante de la defensa de Cartagena cuando fue atacada por el almirante inglés Vernon en 1737. Con cerca de 200 barcos y 2000 cañones, los ingleses sitiaron a Cartagena, casi toman la ciudad pero el fuerte de San Felipe de Barajas permaneció en manos de los defensores. Finalmente se retiraron considerándose esta batalla una de las más importantes entre España e Inglaterra. Cartagena permaneció entonces en manos de los españoles hasta su independencia. El almirante vencedor perdió en la batalla una pierna y un brazo,  antes había perdido un ojo en otra batalla en Tolon.

Una noche del 31 de diciembre de 1979 al calor del ron dos mujeres arman una disputa en la casa de Obregón por el cuadro de Blas de Lezo. Ambas querían el cuadro del tuerto. El pintor saca un revolver Smith & Wesson calibre 38 y dispara tres veces sobre la pintura. Los tiros caen preciso sobre el único ojo del guerrero. “Sentí que el cuadro se estaba volviendo más importante que yo. De modo que resolví matarlo". Tiempo después, una noche de tragos entregó el cuadro al amigo que jamás imaginó tenerlo. Se lo dio a García Márquez.  Tuve oportunidad de verlo alguna vez que fui a la casa de nuestro escritor en México. No se  ahora después de su muerte, donde l0 habrá colgado La Gaba Mercedes, su esposa.



Al final de su vida Obregón comenzó a perder la vista. No podía pintar. Decía que entonces se iba a dedicar a la escultura. Tenía un tumor cerebral. Falleció en Cartagena un sábado cuando hacía un calor sofocante.  Era el 11 de Abril de 1992. Reposa en Barranquilla en un mausoleo de la familia en el Cementerio Universal de la ciudad.


Alejandro Obregón con García Márquez, Alvaro Cepeda Zamudio, ...
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Obregón con Enrique Grau, Guillermo Wediman, Ramirez Villamizar, Fernando Botero. 
Foto de Hernán Diaz : 
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VIDEO. Documental completo



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